Carta por una transición urbana hacia una Guadalajara sostenible y justa

22 de mayo de 2020

Estimado Alberto Rojo, alcalde de Guadalajara:

Nos dirigimos a usted para expresar nuestra fuerte preocupación con respecto al futuro de la ciudad tras la trágica experiencia de la pandemia y para pedirle que la ciudad se prepare urgentemente para el período post-COVID19 y, más en general, para hacer frente a futuros eventos nefastos, tanto sanitarios como derivados de la crisis climática, que hasta ahora ha provocado más muertes que la pandemia y aumenta el riesgo de aparición de nuevas zoonosis.

A la luz del período de confinamiento que estamos viviendo debido al COVID19, hemos visto una ciudad diferente y creemos que es el momento de abordar ciertos cambios necesarios.

El Corredor del Henares es uno de los principales focos de contaminación del territorio nacional, tal y como se señala en diferentes análisis de calidad del aire, debido, entre otros muchos factores, a que se trata de un importante eje de transporte, tanto para personas como para mercancías, y a su proximidad con Madrid. Numerosos estudios relacionan la mortalidad por COVID19 con los niveles de contaminación atmosférica: un reciente estudio de la Universidad de Harvard indica que un incremento de sólo 1 microgramo/m3 de PM2.5 produciría, tras una exposición a largo plazo, un incremento de la mortalidad por COVID19 del 15%. Un reciente estudio publicado por el New England Journal of Medicine confirma el aumento de la mortalidad como efecto de una breve exposición a partículas en suspensión (PM10 y PM2.5). 

Con respecto a la crisis climática, la concentración de CO2 ha alcanzado el nivel de 416ppm, un nuevo récord que sigue la progresión de las últimas décadas, muy por encima de los 350ppm consensuados como valor de precaución y a los que debemos tratar de retornar para cumplir con los objetivos establecidos por el IPCC. Son datos alarmantes que deben impulsar medidas urgentes y drásticas para reducir sensiblemente la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero en tiempos muy breves, con la rapidez de actuación necesaria ante las emergencias. 

Durante el estado de alarma y el consiguiente confinamiento se ha producido un considerable descenso de la contaminación de nuestra ciudad, en gran medida debido a la disminución del transporte privado [automóvil y moto]. Además, la particularidad de la situación ha permitido comprobar en muchas ciudades los efectos positivos de la ausencia o reducción sustancial de vehículos motorizados y el retorno de la naturaleza al espacio urbano, generando condiciones beneficiosas para la vida de las personas y reconfigurando las posibilidades de apropiación de la calle para actividades recreativas y de socialización tan positivas como los paseos, la práctica de deportes variados o el juego.

Por otro lado, estamos viviendo un incremento de las desigualdades ya existentes, pero que han sido amplificadas por la epidemia. Las personas en situaciones más frágiles están viendo su precariedad, agravada por la crisis de 2008, convertirse en derrumbe. Un número creciente de familias no pueden hacer frente al pago de cuotas de alquiler que ya antes de la epidemia constituían un problema importante, debido al continuo aumento que han experimentado los precios del alquiler en los últimos años. Además, la situación en Guadalajara de las personas que no tienen un hogar se ha agravado durante el periodo de confinamiento, como evidencia la habilitación de los polideportivos del colegio Badiel, primero, y del instituto Brianda de Mendoza, después, pues el albergue Betania de Cáritas se había quedado pequeño. La falta de un hogar les impide no sólo defenderse de la epidemia durante el confinamiento, sino también reorganizar su propia vida después de la epidemia.

El post-COVID19 es una oportunidad única para impulsar medidas —permanentes— para devolver la ciudad a las personas, reorganizar la movilidad, (re)naturalizar la ciudad e impulsarla de una manera justa y sostenible a través del apoyo decidido a la economía y a la cultura locales. Le escribimos esta carta por la urgencia de dar vida a cambios estructurales profundos en la organización de la ciudad que sustituyan su actual rol de ciudad dormitorio y tubo de escape de Madrid, para poner en el centro a sus habitantes y a su naturaleza, defendiendo la vida en todas sus formas y la igualdad de oportunidades. Estas propuestas de cambio se fundamentan en cuatro elementos clave:

  • Reorganización de la movilidad
  • (Re)naturalización de la ciudad
  • Desmercantilización de la vivienda
  • Revalorización de lo local mediante una economía sostenible y de proximidad

Las personas y organizaciones abajo firmantes pedimos que se lleven a cabo las siguientes medidas de manera urgente:

  1. REORGANIZACIÓN DE LA MOVILIDAD, REDUCCIÓN DRÁSTICA DE LA CONTAMINACIÓN, REAPROPIACIÓN DE LA CALLE

Reducir drásticamente y de forma inmediata el uso del automóvil privado y las motocicletas en la ciudad, con el objetivo de disminuir a corto plazo la contaminación [en particular los niveles de NO2, SO2, PM10, PM2.5, O3], manteniéndola en cada momento por debajo de los límites indicados por la OMS y reduciendo sensiblemente la contaminación acústica en la ciudad.

Centrar la movilidad urbana en la bicicleta, ofreciendo ayudas públicas a cada persona para adquirir una bicicleta mecánica o de pedaleo asistido, incluyendo las bicicletas cargo, especialmente a los núcleos familiares que no posean un vehículo motorizado (automóvil, moto, etc.). Aplicar medidas de pacificación del tráfico en las principales calles, que permitan la convivencia de la bicicleta con el tráfico motorizado sin necesidad de recurrir a carriles-bici, para los que no hay espacio en muchas zonas de la ciudad. Eliminar las peligrosas aceras-bici y poner carriles-bici, siempre que sea posible, quitándole espacio al tráfico motorizado. Aumentar considerablemente el número de aparcamientos para bicicletas en toda la ciudad. Volver a instalar un sistema de bicicletas públicas eléctricas similar al que ya tuvo la ciudad en 2010 y 2011 pero con más estaciones y mejor servicio de mantenimiento.

Mejorar la red de transporte público eficiente y no contaminante, que cubra todos los barrios de la ciudad y los municipios de alrededor, poniendo especial énfasis en un nuevo diseño de las líneas que resulte útil y rápido para todos los sectores de la población. Ofrecer una tarifa anual simbólica para toda la red de transporte público urbano y extraurbano o la completa gratuidad para los residentes, que asegure el acceso a este sistema a toda la población.

Tras las medidas temporales, peatonalizar progresivamente la totalidad de la ciudad, invirtiendo el concepto «acera». En lugar de ser la única parte de la calle destinada a las personas, las nuevas aceras serán la única parte de la calle no destinada a las personas, para que circulen el transporte público, de emergencia, de reparto de mercancías (principalmente a través de bicicletas cargo o furgonetas de dimensiones reducidas a tracción eléctrica) y el transporte privado para personas con movilidad reducida. Ya hay ciudades que han presentado sus medidas para fomentar el transporte sostenible post-COVID19, como Valladolid o Barcelona.

Garantizar las condiciones necesarias para que se pueda desarrollar el juego en las calles y plazas de forma segura. Esto revitalizará la vida en las calles y ayudará a la consecución de los retos de integración, convivencia y recuperación de la vida en los barrios que figuran en los desafíos demográficos y sociales del último plan EDUSI de Guadalajara.

Electrificar la totalidad de los vehículos municipales, especialmente los vehículos de recogida de residuos con la finalidad de reducir, además de la contaminación, el ruido en la ciudad. Con respecto al automóvil eléctrico privado, consideramos que no es la solución para los problemas ambientales.

Además, es importante diseñar un plan en el que se fomente una relocalización laboral, fijando y aproximando los lugares de trabajo a los domicilios, lo que reduciría considerablemente las emisiones derivadas de los desplazamientos y ayudaría a superar la noción de «ciudad dormitorio» que se nos atribuye.

De aprobarse la ley de Cambio Climático cuyo proyecto ya ha sido presentado por el Gobierno, Guadalajara, como el resto de municipios con más de 50.000 habitantes, estará en la obligación de adoptar medidas como las aquí propuestas para rebajar las emisiones de gases de efecto invernadero y así cumplir con el objetivo de disminuir al menos un 20% el CO2 emitido con respecto a 1990. De acuerdo con esta ley, la ciudad deberá contar con una zona de bajas emisiones con restricciones a la circulación de vehículos para 2023.

  1. (RE)NATURALIZACIÓN DE LA CIUDAD PARA GARANTIZAR LA SALUD Y EL BIENESTAR HUMANO E INCREMENTAR LA BIODIVERSIDAD URBANA

Aunque contamos con numerosos parques, la superficie vegetal podría aumentarse en nuestra ciudad cubriendo los tejados y apostando por el arbolado urbano con especies autóctonas que puedan crecer sanas y dar sombra a la cantidad de plazas y avenidas en las que actualmente predomina el cemento. Además de reducir el CO2 emitido, la presencia de la naturaleza en la ciudad garantiza bienestar físico y emocional, y ofrece oportunidades educativas que podrían potenciarse mediante un plan de educación ambiental que incluya actividades en la ciudad, así como la instalación de paneles con la identificación de las especies vegetales y animales de los distintos parques y zonas naturales.

Por otro lado, hay que mejorar la gestión de la naturaleza urbana, un ecosistema que merece la pena cuidar y conservar por los beneficios mencionados anteriormente y por su propio valor intrínseco. Se debe preparar y aplicar un plan de gestión del arbolado de la ciudad que elija las especies más adecuadas y proteja los árboles singulares de la ciudad. Y se debe poner fin a las talas indiscriminadas del arbolado, el secado de las zonas de agua en época de cría de la fauna urbana asociada a ellas (aves y anfibios) —como se ha vuelto a hacer este año en el parque lineal del Barranco del Alamín—, así como con la eliminación drástica de plantas silvestres consideradas «malas hierbas» y que en realidad enriquecen la biodiversidad de las zonas verdes, y acabar con el uso de pesticidas que tienen el efecto contrario: eliminar indiscriminadamente fauna y flora, además de poner en peligro la salud de las personas.

En plazas como la de Dávalos, la del Concejo, la del Ayuntamiento o la plazuela de Don Pedro, todas de reciente diseño basado en el pavimentado con granito, se deben plantar árboles formando canopias que creen amplias zonas de sombra que regulen el microclima, para poder disfrutar de ellas y que no sean un mero decorado.

Sustituir la gran cantidad de asfalto por materiales porosos que permitan la filtración del agua en el terreno y, sobre todo, dejar amplias porciones de tierra en las plazas y las calles, para regular el microclima, absorber el calor y restablecer el contacto con la tierra en la ciudad. En este sentido, es necesario desasfaltar parques como los de la Concordia y San Roque, así como el paseo junto al río, en el que se invirtieron 1,5 millones de euros en destrozar y llenar de mobiliario urbano innecesario una zona natural en la que no está permitido intervenir. Esta obra ha supuesto la destrucción de un entorno que debería estar protegido y formar parte de un verdadero anillo verde.

En Guadalajara tenemos la suerte de estar muy cerca de áreas naturales para las que hay que crear accesos que garanticen su disfrute por parte de toda la población. En este sentido, es necesario habilitar ya la vía hasta la finca de Castillejos —sin alterar la ribera del río Henares y recuperando la vía pecuaria actualmente ocupada por la carretera de Fontanar— que lleva proyectada mucho tiempo, para que esté a disposición de la población para actividades de ocio, deportivas, culturales y de educación ambiental.

Destinar los vacíos urbanos, los solares, tan abundantes en nuestra ciudad, a la creación de áreas verdes sin asfalto y huertos urbanos tanto comunitarios como particulares, ofreciendo ayudas económicas para su creación. Otro elemento urbano estrechamente ligado a la vegetación son los alcorques, muchos  de los cuales a día de hoy se encuentran vacíos, o excesivamente adoquinados. Esto último termina provocando el estrangulamiento en los troncos de árboles, así como el deterioro de las aceras en las que se encuentran. 

Mejorar la gestión de los residuos instando a las empresas gestoras a que hagan un verdadero reciclaje, publiquen los datos y eviten la incineración en plantas de energía eléctrica («valorización energética»). Hacer campañas sobre cómo separar los residuos y fomentar el consumo de «residuo cero» incentivando las compras a granel y adoptando procedimientos de retorno de envases remunerado (como en muchas partes de Europa). Potenciar el sistema de compostaje de residuos orgánicos que se puso en marcha en la anterior legislatura y extenderlo a toda la ciudad. Y mejorar la gestión de la planta de Torija, que requiere ampliaciones periódicas debido al mal tratamiento de los residuos que se hacen.

Un plan firme por la sostenibilidad ambiental de Guadalajara debería contar con la colaboración del Consejo Sectorial de Medio Ambiente creado en 2019 y recuperar la Agenda 21 como herramienta administrativa desde la que fomentar la conciencia y la educación ambientales y la participación ciudadana para afrontar los desafíos de la crisis climática en colectivo.

  1. DESMERCANTILIZACIÓN DE LA VIVIENDA

Cumplir el artículo 47 de la Constitución Española: Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. Guadalajara no queda al margen del problema general de vivienda que sufre este país. El desahucio de Safira Sánchez en octubre de 2018 evidencia que la lacra de los desahucios, que afectan especialmente a personas en situaciones de vulnerabilidad, no es algo ajeno a la realidad de muchos guadalajareños y guadalajareñas, y ante ello se debe velar por el cumplimiento de los derechos arriba mencionados. 

Por otra parte, se deben frenar los procesos de especulación urbanística y se debe cuidar mucho la gestión en el ejercicio de velar por los derechos colectivos. Ejemplos de lo contrario los encontramos en los casos de la calle Alicante y la llamada «Operación Alamín», donde se han venido ejecutando desahucios a petición de la sociedad que gestiona dichas Viviendas de Protección Oficial y cuyas prácticas son, cuando menos, dudosas. Para más inri, dicha entidad ha estado percibiendo fondos públicos a través de subvenciones del propio Ayuntamiento de Guadalajara, pero cuyas justificaciones están bajo sospecha. Para asegurar la vivienda como un derecho social y no un bien especulativo, cumpliendo así el artículo 47, son indispensables las siguientes medidas:

Garantizar que cada persona, sin exclusión, pueda tener una casa en poco tiempo, atendiendo especialmente a las necesidades de las personas sin hogar y de aquellas que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. 

No sólo limitar, sino reducir los precios actuales de los alquileres,inflados por la presencia de los fondos de inversión y procesos crecientes de especulación. Hay mecanismos para controlar los precios de los alquileres, pero también se necesita voluntad política.

Impulsar la vivienda pública, incrementando drásticamente su presencia en el parque de vivienda de alquiler. Asimismo, exigimos un estudio sobre el número y el estado de viviendas vacías de la ciudad y una reflexión en profundidad sobre el problema de la vivienda y sus posibles soluciones, teniendo en cuenta a su vez las cuestiones asociadas al consumo energético de los edificios y su impacto ecológico.

Garantizar que cada persona mayor pueda seguir viviendo en su hogar, recibiendo los servicios asistenciales domiciliarios que le permitan mantener su independencia. Las residencias no son la solución: es necesario ofrecer a las personas los servicios asistenciales domiciliarios asequibles, respetuosos y de alta calidad necesarios para desarrollar una vida social activa. Por ello, queremos asimismo llamar la atención sobre el peligro que supone la externalización de servicios públicos esenciales y la concesión de su gestión a entidades privadas centradas en el lucro y la obtención de beneficio, aun a costa de trabajadores y usuarios.

  1. REVALORIZACIÓN DE LO LOCAL MEDIANTE UNA ECONOMÍA SOSTENIBLE Y DE PROXIMIDAD 

El comercio tradicional y de proximidad, especialmente el situado en el casco antiguo, ha sufrido en las últimas décadas un proceso de notable empeoramiento debido, fundamentalmente, a la presencia de grandes superficies comerciales, como también se señala en el último plan EDUSI. Es necesario revalorizar el comercio local, que necesita de una urgente reactivación para proteger la economía familiar de quienes viven de él y para afianzar la población de la ciudad, que desciende en el casco urbano y está muy envejecida. 

Es el momento de apostar de forma clara por una economía social y local dejando de lado el modelo de grandes centros comerciales y del monocultivo industrial de la logística del Corredor, que diluye nuestra identidad y nos hacen muy dependientes de los bienes que llegan de lejos. Si se quiere impulsar la industria, hay opciones más sostenibles y con mejores empleos que hacer una «Ciudad del Transporte».

Es necesario favorecer la producción y el consumo de productos y marcas de la provincia, aprovechando los recursos del sector agrícola y fomentando el consumo de productos de cercanía, especialmente los de producción ecológica.

El desarraigo y la emigración son dos constantes en Guadalajara, donde la población joven se marcha y quienes se quedan no acaban de sentirse parte de una ciudad en la que escasea la oferta cultural. Debemos dar valor a lo que tenemos y cuidarlo. Nuestro patrimonio (monumentos, tradiciones,…), eventos culturales únicos como el Maratón de Cuentos o los festivales de cine, nuestra gastronomía, nuestras asociaciones y centros sociales, el Mercado de Abastos, el edificio negro, las naves del Fuerte o el auditorio del barranco del Alamín son ejemplos de la riqueza que presenta nuestra ciudad. Todos ellos merecen ser revalorizados e integrados dentro de un programa cultural que cree comunidad y dote de vitalidad a una ciudad con un gran potencial por su tamaño, su enclave y su calidad humana. 

Para fomentar ese arraigo es imprescindible reforzar el tejido barrial, dotando a los diferentes barrios de más herramientas para llevar a cabo la vida en ellos, destacando la importancia de sus centros sociales, zonas deportivas, asociaciones y centros de salud. Y se deben establecer medidas que no solo frenen la decadencia demográfica del centro histórico, sino que la reviertan. Favorecer que la población se instale en el casco histórico y desincentivar la construcción en los nuevos desarrollos urbanos conllevaría una menor necesidad de transporte y por tanto menores emisiones. 

Nos despedimos, esperando que tenga en cuenta nuestras aportaciones para hacer de Guadalajara una ciudad más justa, sostenible y habitable.

Plataforma por el Clima de Guadalajara*

*Esta carta está inspirada en el manifiesto de Massimo Paolini para la ciudad de Barcelona: «Manifiesto por la reorganización de la ciudad tras el COVID19»

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